28 enero 2015

Talento femenino

Al igual que los demás integrantes, las chicas nos han aportado muchas riquezas en el desarrollo de nuestro trabajo.Y también son varias las que nos han acompañado con sus talentos y peculiaridades. Acá mencionamos a dos que ya llevan un buen tiempo dando de qué hablar y con las cuales estamos muy agradecidos.



Paula Neissa "Payis". 
Tiene un gran talento para los trazos y de ahí que descolle tan fácilmente en el dibujo, su especialidad. Actualmente se encuentra trabajando como ilustradora en el Animalario y, cada vez que las distancias se lo permiten, ayudando en la ejecución de los murales de la iniciativa Cuadras Armónicas. Gusta de los pequeños detalles, los momentos tranquilos y, particularmente, de coleccionar cromos de la Chocolatinas JET, tanto, que es una autoridad nacional e internacional en el tema. 


"Participar en los diferentes proyectos de ArtoArte ha sido inspirador  para mí"

Correo personal: paulitaneissa@gmail.com
Facebook: https://www.facebook.com/paula.neissa?fref=ts


Sara Valentina Ramirez Espitia. "La Tirana". 

Su principal objetivo en la vida es mamar gallo, cosa que argumenta la aprendió precisamente de los gallos, pajarracos a los cuales les tiene pavor. Ha hecho listados tan importantes para la identidad del grupo como "Los más feos de ArtoArte" y "Los más atracables de ArtoArte". Sus intereses van desde burlarse de su hermano y mentor Fabio Ramirez y montársela al jefecito Jesús David Suárez hasta diseñar un directorio de perros abandonados para darlos en adopción. Asimismo ha elaborado la mayoría de los memes que se han difundido por la web y por los cuales ha recibido aplausos y también desengaños. Actualmente se desempeña en labores logísticas y en el apoyo a un fanzine lleno de caricaturas, cómics y memes contando el trabajo y la historia del Colectivo.

"En ArtoArte he aprendido a querer más a perros y gatos,
a hacer memes, y a no temerle tanto a los gallos"
Correo personal: agarramiando22@gmail.com
Facebook: https://www.facebook.com/saravalentina.ramirezspitia?ref=ts&fref=ts

27 enero 2015

Animalario bestial.

Lado A

¿Eres de los que siempre ha querido saber qué piensan y sientes los animales? El Animalario es la respuesta que estabas buscando. El Animalario se pregunta por las dichas y desdichas de nuestros hermanos, los animales. En él encontrarás las aficiones de las luciérnagas, la angustia del desempleo en algunas gallinas, los sueños de los burros y muchas cosas más. Y lo mejor es que todo eso será contado por ellos mismos, algo que nunca se habían atrevido a hacer. Fueron décadas de acercamiento y generación de confianza para que los animales que entrevistamos decidieran contarnos sus más íntimas historias. El compilado de historias del que próximamente te enterarás es apto para cualquier especie, sobre todo para aquellos chicos y chicas que se quieran transformar en perros o en aquellos ancianos que les gusta más la idea de ser vacas con alas. No sobra aclarar que contamos con el permiso de ellos para publicarlas por todo el mundo.




Lado B



El Animalario es un proyecto editorial que reune una serie de entrevistas a los animales que comparten nuestro territorio. Un proyecto que nos adentra en la compleja y a la vez sencilla piscología de nuestros compañeros que habitan el planeta tierra. La mayoría de ellos son amigos que conocimos en el marco de la iniciativa Cuadras Armónicas, iniciativa que se ha adelantado, en su primera parte, en la Localidad de San Cristóbal, Bogotá. Sin embargo, los animales que accedieron a ser entrevistados son familiares para todo el mundo: el perro, el burro, la gallina, la luciérnaga, la vaca y el colibrí. Son animales que se resisten a abondonar su hábitat, a pesar de la inminente urbanización de nuestra capital. Las herramientas del cómic, la ilustración, las caricaturas y la literatura se darán cita para darle voz a los animales. 

El Animalario: donde la fantasía, el humor, las paradojas y los derechos de los animales se conjugan para hacerle sacar una sonrisa. 



PD: Wuaf!, Meow!, Muuuu!, Ki-ki-kiriki!

13 enero 2015

Daniela Luna tiene un amor entrañable por su territorio.

En el proyecto Cuadras Armónicas participaron varias personas a las que queremos reconocer por su esfuerzo y por su voluntad de compartir con nosotros sus conocimientos. Lo mínimo que podemos hacer es reseñar parte de su trabajo en nuestro blog. En esta oportunidad presentamos un pequeño perfil de los artistas que participaron de la convocatoria que abrimos hace unos meses y que ya ha dado muchos frutos. Los invitamos, entonces, a que aprecien y disfruten el trabajo de nuestros amigos. 


Daniela Luna tiene un amor entrañable por su territorio. Cada vez que se expresa tiene, al menos, una palabra para referirse con afecto a la tierra que le vio crecer. Quizás por eso está dotada de una profunda sensibilidad social que la ha impulsado a conocer, recorrer y entender su territorio: la Localidad Cuarta de San Cristóbal.

Con apenas 19 años ya ha hecho un montón de cosas: servicio social, trabajo ambiental, artesanías con reciclaje y dibujo. Y ahora muralismo. El mural que ella está construyendo junto con su amigo John Edward impacta por el tamaño de su frase: “…donde las aves se atreven con bufanda”, una metáfora que seduce con facilidad para quienes hemos habitado en estos cerros.

Aún tiene esa cualidad envidiable que los formalismos se han encargado de oscurecer: la capacidad de sorprenderse con facilidad. Por eso a veces se le oye soltar una sonora carcajada o se le escuchan expresiones como: “qué chévere”, “¡ay, tan bacano!”. 

Se ha presentado dos veces a la ASAB para estudiar Artes Plásticas. Dice que la tercera es la vencida. Y creo que la fuerza de la persistencia habla por sí misma, pues llegó hasta acá con el impulso vital que le da el amor sincero que siente por su territorio y por las ganas instintivas de aprender.

Se toma un tiempo prudencial para cada pregunta que le hago, al punto que en una ocasión  me dice:

Déjeme pensarlo un rato y ahora le respondo.

Ese tiempo tomó cerca de un cuarto de hora. Son los tiempos de ella, son los tiempos –pensé- de una persona que se toma a pecho las preguntas.

Fabio Ramirez: ¿Cuéntanos un poco del trasegar tuyo para llegar hasta acá?

Daniela Luna: Creo que me podría ubicar cuando salí del colegio. Cuando uno está allá de algún modo vive en una burbuja. Pero al salir empecé a desarrollar un sentido de pertenencia muy bacano por este territorio. Al salir se encuentra uno medio desubicado, sin embargo, tuve la fortuna de conocer a una mujer luchadora y soñadora que fue como mi maestra. Encontrarla a ella fue clave para mi vida pues ella, siendo cabeza de familia, creó su propia empresa de manualidades, textiles y diseño de modas. A parte de enseñarme a elaborar artesanías con material reciclado descubrí un camino distinto, una forma de romper paradigmas y una forma también de no seguir las convenciones sociales. Ella fue muy importante en mi formación de lo que yo llamo una artista de la basura.

Fabio: Y lo ambiental tomaba forma…

Daniela: Sí. Los aprendizajes que recibí de ella me brindaron la experiencia necesaria para relacionarme con otras personas. Fue así que conocí a líderes comunitarios y organizaciones ambientales. Así entablé relación con CHILCOS y me convertí en tallerista, lo cual me enriqueció muchísimo. Poco a poco y gracias a esta pasión mía por el medio ambiente y por mi localidad terminé haciendo parte de los Proyectos Ambientales Ciudadanos y los Proyectos Ambientales Escolares. Además me vinculé a la Red Local Ambiental. Todas estas experiencias me permitieron encontrar en nuestra localidad toda una joya, un tesoro a descubrir.


SOBRE LA COMPOSICIÓN

Fabio: Esa sensibilidad especial hacia nuestra localidad influyó evidentemente en tu propuesta. Cuéntanos un poco sobre ella.

Daniela: Claro que sí. Todo el amor y el apego que siento hacia esta tierra lo quise plasmar en la propuesta que les envié a ustedes. En ella, como ustedes vieron, están muy presentes las montañas, las piedras y una Mandala. Todo eso tiene un significado para nosotros. Cuando elaboré el dibujo con ayuda de mi amigo John Edward Martínez quisimos plasmar a esos Cerros Orientales que nos cobijan, esas piedras que son como nuestras abuelas ancestrales y la Mandala que encierra el significado de movimiento, un movimiento que es como el de la comunidad: continuo y dinámico.

Propuesta en boceto.

Preparando el muro a intervenir.

La Mandala tiene en el centro una estrella de 13 puntas que significa dirección y cada punta puede significar un habitante de la localidad que trabaja en armonía con los demás, como un todo. Los colores del círculo que forma la Mandala son los colores de la bandera Whipala, la bandera de la ancestralidad indígena. Esa bandera ejemplifica la lucha por sobrevivir, y en el centro hay tonalidades de azul que significan el agua de las quebradas que nos rodean y del Río Fucha, el río que según la mitología precolombina nació mujer, y que tenemos tan abandonado.

En proceso.
El paisaje se complementa con un frailejón que se conecta con las montañas por medio de sus hojas; también hay una planta de Chilco, típica de los cerros, que le da vida a las montañas del fondo. Como toque final el ave que mira al horizonte. Rescatamos esta ave porque es pequeña y quizás insignificante para la mayoría de los habitantes. Pero la hicimos grande, porque realmente lo es, por todo lo que significan las aves no sólo para nuestros barrios sino para nuestro país en general. Y le agregamos la pequeña frase “…donde las aves se atreven con bufanda”; frase que nos pareció acorde para identificar el auténtico clima que nos rodea todos los días, y que encontré en un libro que llegó a mis manos por pura coincidencia. El libro se llama San Cristóbal habla “FUCHA”. Gracias a ese libro conocí más sobre la historia de Juan Rey, el barrio que amo y donde espero morir, de mi Rio Fucha y de mi linda y pequeña localidad cuarta: San Cristóbal.



Fabio: Todo esto que me cuentas se ubica en un espacio concreto ¿Qué significado tienen para ti palabras como “barrio, cuadra, vecindario”?

Daniela: Pues en principio son espacios colectivos, los espacios donde crecemos con los demás. Yo recuerdo mucho cuando era pequeña y aprendí a montar bicicleta en mi cuadra. Fue ahí donde me caí practicando y donde vi crecer a los niños que ahora tienen 16 y 17 años.

Antes sentía uno quizá algo de vergüenza cuando le preguntaban de dónde venía. Ahora no. Ahora siento un profundo orgullo y apropiación por mi barrio, por mis montañas y por mi localidad. Para mí es un privilegio vivir al borde de las montañas, donde no todo ha sido consumido por el cemento y los edificios.

El esfuerzo va dando sus frutos.


Fabio: ¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con el Colectivo ArtoArte en este proyecto en particular?

Daniela: Yo había escuchado de ustedes hace un tiempo. Pero no fue hasta que hicieron ese mural gigante en elbarrio Juan Rey cuando quise conocerlos mejor. Ahí estaba la dirección del blog y gracias a eso los pude encontrar. Y yo estaba muy contenta de que ustedes se tomaran el tiempo de embellecer mi barrio. Al saber, pues, de la convocatoria nos presentamos con mi amigo, pero yo realmente dudaba que me fueran a escoger porque sentía que mi boceto era regular, como si lo hubiera hecho un niño de primaria. Así que cuando supe que había sido seleccionada me puse muy contenta porque para mí resultó una gran experiencia conocerlos a ustedes, a personas de la localidad que trabajan por la localidad con un alto sentido de pertenencia.

Niños se acercan a ver el mural en proceso.


Fabio: ¿Crees que los trabajos que se han hecho aquí pueden contribuir a una cultura de paz y de reconciliación?

Daniela: Eso es algo muy difícil. Pero sí cambian cosas, y para mejor. Por ejemplo cuando ustedes hicieron el mural en Juan Rey con la leyenda “Buenos días, vecino”, es algo que realmente le alegra el rato a uno. Cuando yo lo vi se me salió una sonrisa. Eso puede pasar con mucha otra gente que con amargura va al trabajo y se le olvida saludar. De pronto esa persona ya llegue con una actitud distinta a donde tenga que ir. Cuando uno va en los buses y ve esos murales son cosas que lo terminan alegrando. 

También la perspectiva del territorio cambia mucho porque la estética y el paisaje cambian. Eso es cambiarle la forma de pensar a la gente, al menos por un ratico.

El acabado.

Así concluye Daniela el pequeño interrogatorio a la que la he sometido.

Da alegría tropezar con personas que sientan tan suyo el entorno local en el cual viven. En Daniela no sólo hay expresiones de cariño por su localidad, también hay un trabajo desinteresado de años. Y para ella eso es lo más importante, pues busca “que acción y pensamiento estén acordes”. Para ser tan joven ya está llena de una sabiduría casi que intuitiva, y creo que eso le será recompensado.


Es seguro que vendrán muchas cosas buenas para ella. Como la que sigue y la que sigue y la que sigue…pues, poco después nos enteraríamos que sí, que la tercera era la vencida. Daniela había pasado a la Universidad para estudiar Artes Plásticas. 

08 enero 2015

En la parte alta del barrio San Rafael Sur Oriental hay una calle empinadísima.

En el proyecto Cuadras Armónicas participaron varias personas a las que queremos reconocer por su esfuerzo y por su voluntad de compartir con nosotros sus conocimientos. Lo mínimo que podemos hacer es reseñar parte de su trabajo en nuestro blog. En esta oportunidad presentamos un pequeño perfil de los artistas que participaron de la convocatoria que abrimos hace unos meses y que ya ha dado muchos frutos. Los invitamos, entonces, a que aprecien y disfruten el trabajo de nuestros amigos. 


En la parte alta del barrio San Rafael Sur Oriental hay una calle empinadísima. Se la conoce como “la 60”, aunque, para ser exactos su nomenclatura es calle Nº58. Se sube cuesta arriba y más arriba y tan arriba que pareciera que se van a pisar los talones de las montañas. Cuando se está llegando a una explanada se acaba la calle pavimentada y empieza un tramo destapado. En el intersticio entre lo empinado y lo destapado se encuentra una casa de fachada roja, llamativa, vistosa. Se acerca uno un poco a esa fachada y ya hay adornos que alegran el panorama: una niña mirando a una ventana, unas abejas que revolotean y unas flores que parecen levitar.

Es el mural de María Alejandra Villalba y Bryan Cárdenas, dos jóvenes estudiantes de la Licenciatura en Artes Visuales que imparte la Universidad Pedagógica Nacional. Trabajaron de día y de noche, mientras los tiempos de la universidad los dejaba, conocieron, aprendieron y nos dejaron muchas enseñanzas. En resumen: compartimos.

En medio de la informalidad que daban estos días de sol alternado con la llovizna pertinaz de la montaña, Bryan, que tiene voz serena y gestos tranquilos, me contó algunos aspectos de su vida, del mural que hicieron y de las reflexiones que hace sobre su trabajo.  

Fabio: ¿Cuándo empezó el gusto por el arte?

Bryan: Cuando estaba en el colegio tenía inclinaciones por el mundo del teatro y se puede decir que por ahí empezó el asunto. Sin embargo, el gusto por el arte no lo tenía elaborado en términos profesionales sino más bien como eso: como un gusto. Por cosas de la vida empecé a estudiar Biología, pero esa elección me permitió ratificar que lo mío eran las Artes. Así que me presenté a la Universidad Pedagógica a Artes Visuales y pasé. Y ahí empezó, de algún modo, el camino profesional.

Empezando el mural.

Fabio: ¿Un gusto artístico en particular?

Bryan: El teatro siempre ha estado presente, pero también el dibujo y la guitarra. El arte en general me gusta, procuro integrarlos y relacionarlos.  

Fabio: ¿El arte empezó a cuestionarlo en algún momento?

Bryan: En principio yo quería dedicarme exclusivamente al Arte. Pero la Universidad nos enseñó unas bases pedagógicas acerca de cómo el arte podía llegar a la comunidad, cómo podía desarrollar facultades cognitivas en las personas y cómo podía generar nuevas sensibilidades. Y eso me gustó mucho. Particularmente no me gusta el arte para encerrarlo en una galería pues me parece mucho más enriquecedor los lazos que se crean, por ejemplo, en esto que hacemos acá, con el arte urbano.

Trabajando de noche.
Fabio: Y ahí entra la cuestión de la educación.

Bryan: Exacto. El campo de la educación me gusta mucho porque se cuestiona sobre el hecho de formar ciudadanos más críticos y más soñadores. Establecer relaciones para imaginar otros mundos, esa es una de las cosas que más me gustan de las artes.




Fabio: ¿Cuéntenos un poco del porqué de esta intervención con la que está participando en el proyecto Cuadras Armónicas?

Bryan: El boceto se diseñó con mi compañera de carrera, Alejandra. En el boceto quisimos abordar las temáticas propuestas en la convocatoria: la memoria barrial y la flora y fauna de este territorio, particularmente de los Cerros Orientales. Por eso el boceto está cargado con Pegamoscos, que son flores que crecen por acá y con la imagen de una niña que mira a una ventana como queriendo interpelar a los vecinos de la cuadra. Además esa niña me gustó porque busca representar a las personas de este territorio que se encuentran en contacto con la naturaleza.



Fabio En el proyecto Cuadras Armónicas el significado de la calle, la cuadra y el barrio son cosas muy importantes. ¿Qué significan para usted?

Bryan: Ahora vivo en conjunto residencial, pero antes viví en Usme, así como acá, en casas de barrio. Bueno, y ya se podrá imaginar, las relaciones son muy distintas. Los conjuntos tienen una privacidad especial: que un muro no se puede tocar, que hay que cumplir horarios, que cualquier falta es multa. Uno termina preguntándose qué tanto de ese espacio es realmente propio. Hay cierto masoquismo en los propietarios, pues saben lo que deben soportar con tal de tener un espacio y aun así compran. En los conjuntos las relaciones se tornan muy frías y aunque estamos más cerca, menos nos conocemos y eso es lo paradójico. Yo no conozco casi a nadie y a los que de algún modo sí, apenas nos reconocemos por un saludo. Acá, por el espacio y otras características, las relaciones son distintas, más de vecindario. Por eso mismo se nota que hay más apropiación del espacio y un sentido de pertenencia más fuerte. Y yo creo que hay que valorar mucho esa apropiación y sensibilización con el espacio.


Fabio: ¿Tomando en cuenta eso que me dice, cómo evalúa este proyecto?

Bryan: Yo me enteré de este proyecto gracias a Jhon y a Jesús, quienes me convidaron a participar. Desde un comienzo me pareció interesante la propuesta de ustedes de apropiación del territorio por medio de las artes plásticas y el muralismo. Fue entonces que decidimos participar con Alejandra haciendo una propuesta conjunta y así ayudarnos, pues por la Universidad nuestro tiempo es limitado. Participar nos regala la oportunidad de salir de los círculos académicos en los que muchas veces nos enfrascamos los estudiantes. Sentíamos la necesidad de empezar a tocar la realidad. Aparte, como ya dije, me gusta el arte urbano, y esta era la oportunidad perfecta. El Arte Urbano hace que uno perciba a la gente que sale a la calle y que le habla, la gente que le ofrece a uno una gaseosa de forma espontánea o que simplemente pasa con un “buenos días”.  Esa interacción es significativa. Eso no quiere decir que hay que rechazar el arte de las galerías sino que creo que en estos espacios el contacto con la realidad puede ser más fructífero.

Ya finalizando.
El atardecer se va extendiendo hasta convertirse en noche. Bryan finaliza contándome sobre sus deseos de seguir aprendiendo y seguir aportando con los conocimientos que está construyendo. Me dice que le gustaría seguir estudiando para irradiar con lo que sabe a los demás. Y noto en él que no hay demagogia, que eso que dice es un gesto sincero. Por eso, y luego de escuchar sus palabras, concluyo lo que seguramente muchos que lo han conocido mejor han concluido: que será un gran profesor. 


Bryan Cárdenas: 

25 diciembre 2014

Maíz. El sabor de mis abuelos.

“Quién fuera como el maíz seco/
que vuelve a reverdecer/
Quién fuera tu fino amante/
para volverte a querer”.
(Concurso de coplas. X Festival del Maíz, Octubre de 2013).



PRIMER MORDISCO AL “ENVUELTO”.
LA GENTE LLEGA

Doña Bertha entra a SIGLO XXI con paso lento y repartiendo pequeños saludos en todas direcciones. La edad y una caída de hace unos meses la obligaron a caminar apoyada en un bastón de plástico. Acostumbra fácilmente a quebrar la formalidad de cualquier evento, por eso, antes de sentarse, comenta con la voz de niña que aún tiene:

Tocará sentarse porque estando parada como que no nos van dar nada de comer, dice, mientras aprueban cómplices las otras señoras que se van acomodando en el salón principal de la Organización Siglo XXI.

Los rumores y el cuchicheo inundan la sala. Las relaciones de vecindad que mantienen los habitantes de este territorio hacen que el II Foro de Soberanía Alimentaria sea la excusa perfecta para sentarse a “echar chisme”. Algunos se sirven un tinto cargado, los niños que acompañan a sus abuelas corretean por el salón y en el cuarto del fondo suenan los ameros de los primeros envueltos que se repartirán durante toda la jornada. El encargado de distribuir en una bandeja los primeros bocados de maíz es Julio César, un joven campesino de Ubaque que es pura nobleza y amabilidad, un joven a quien siempre se le ve una sonrisa tan genuina que casi da tristeza no haber nacido con una de esas.


Julio César recibe a los primeros comensales.

La inveterada costumbre de los colombianos de llegar tarde a cualquier cosa hace que el evento se retrase un poco. Yo, que procuro mantener un perfil bajo, y para no sentirme un estorbo, me encargo de alistar el computador y el proyector para que no se presenten contratiempos. La gente, por su parte, sigue comiendo y se miran entre ellos para reconocerse entre gestos y guiños.

Bueno, por favor, atención, nos vamos ubicando para empezar el foro.

Atencióoooon, ya vamos a empezar.

Es la voz de Jorge Ramirez, el coordinador de la actividad y a quien casi todos conocen, por lo que casi ni necesitó presentarse ante el público. Reconocido líder comunitario de la Localidad Cuarta de San Cristóbal, es el encargado de coordinar el evento que nos da cita a los presentes: el II Foro de Soberanía Alimentaria, que se adelanta en el marco del XI Festival del Maíz, tradicional evento realizado desde la década de los 90 en los barrios que están bajo la tutela de los Cerros Orientales: Altamira, El Quindío, Nueva Delhi, Libertaderos y, especialmente, San Rafael Sur Oriental. Además, es el papá de quien escribeeste texto, cosa que se encargó de aclarar al momento de iniciar el foro, lo cual hizo ruborizar un poco a este servidor. De ahí que la famosa objetividad –palabra tan políticamente correcta como irritante- es secundaria en esta suerte de crónica, pues lo que me interesa no es la “verdad” sino narrar una jornada de la que yo fui partícipe.  

SEGUNDO MORDISCO AL “ENVUELTO”.
COMIENZA EL FORO

Bien, lo primero es recordarles que este foro se hace con la excusa para reunirnos y compartir en comunidad, al tiempo que reflexionamos sobre el acto de comer y sobre la importancia de saber qué comemos.

Hace unas cuantas semanas Jorge Ramirez había esbozado las mismas palabras en el Bazar Cultural que se realizó en el Parque del Barrio Pinares y que constituye el acto más visible de todas las actividades que giran alrededor de la Semana del Maíz. En dicho Bazar se reúnen distintas personas que elaboran comidas a base de maíz para regocijo de los glotones. Pero el acto de comer es sólo la disculpa para encontrarse con amigos y escuchar grupos musicales, presentación de bailes, coplerías, concursos y todo aquello que hace de un Bazar una actividad para gozarse la vida.  Y todo, para glorificar a este cereal milenario, el eslabón que nos une con nuestros antepasados indígenas.


Jorge Ramirez explica el orden y propósito del Foro


En el Bazar algunos de los presentes participaron, ya sea como cocineros o comensales,  en el conocimiento de la mazamorra dulce, maíz peto, coladas, arepas, chicha y dulces. Comenta el organizador del foro al tiempo que van llegando vecinos a cuenta gotas.

Sobre todo llegan abuelas o mujeres de mediana edad, quizá recordando el hecho de que son las mujeres quienes han estado histórica y culturalmente más vinculadas a la preparación de la comida que los hombres. Aún hoy en día podría interpretarse el hecho como el reflejo de la herencia ancestral precolombina o simplemente como el machismo de décadas recientes que ve la cocina y todo su complejo mundo sólo como un asunto de mujeres.

Voy descubriendo que el objetivo principal de este evento es que la gente descubra que no necesita mucho para integrarse, para confiar en el otro, para reunirse una vez al año alrededor de la comida. Son estos encuentros la base para generar confianzas que conduzcan a estrechar vínculos y a generar organización, y eso, organización, parece ser la clave en la búsqueda de “Jorgito”, como lo llaman algunas de las presentes. 

Bazar Cultural, realizado semanas antes del Foro sobre Soberanía Alimentaria.


La idea es que ustedes tomen herramientas para poder mejorar la preparación de alimentos y asimismo hacer crecer los mercados locales, sin depender de las grandes empresas de alimentos. Pero para eso necesitamos conocer aspectos que a veces pasamos por alto, como la correcta higiene de los alimentos, la elaboración de recetarios locales que reconstruyan la memoria de nuestros paladares y sobre la situación mundial que atraviesa la producción, distribución y consumo de alimentos y de cómo cada una de esas cosas nos afectan a nosotros. 

Esas palabras dan sentido al orden de la jornada que se desglosa en: una exposición sobre el cuidado e higiene que deben tener los alimentos; la presentación de un documental sobre la Soberanía Alimentaria; la reflexión alrededor de estos dos temas y por último la forma en que se llevarán a cabo nuevas actividades que tengan como eje la alimentación y la organización social.

TERCER MORDISCO AL “ENVUELTO”
LA COMIDA SE HACE CON LAS MANOS LIMPIAS

Siendo las 2:30 de la tarde del día sábado 13 de 2014 me presento, mi nombre es Alonso Gutiérrez y soy Ingeniero Ambiental y tengo licencia para dictar cursos sobre manipulación de alimentos. Y lo primero que quiero aclarar es que aquí yo voy a hablarles de la ley de cómo manipular los alimentos y no las normas, porque una norma es lo que yo quiero interpretar y una ley es lo que yo estoy obligado a aplicar en el manejo de alimentos.


Alonso Gutiérrez comienza su charla.
Esa presentación que podía parecer ruda e intimidante, incluso hasta castrense, no era más que la declaración de principios de un hombre que se tomaba en serio su trabajo. Y si bien algunos asistentes quizá sospecharon la cátedra de un profesor cuchilla lo que encontraron fue a un hombre preparado y sumamente cuidadoso en la forma de abordar el tema del manejo y manipulación de alimentos.

Así empezó la exposición que trató temas tan nuevos para los asistentes que se necesitó programar una nueva jornada para completar la charla, pues:

Mi charla, certificada y todo para ustedes, dura diez horas. Concretó Alonso.

No obstante quedar incompleta, la gente aprendió sobre la clasificación organoléptica de los alimentos.

¿Organo…qué? Se oyó decir en un rincón cuando empezó su discurso Alonso.

Organoléptica, sí señor, ¿alguien sabe qué es la clasificación organoléptica de los alimentos? Enfatizó Alonso.

Color, sabor, mmmm… ¿cuál más?dijo alguna de las abuelas arqueando sus cejas.

Sí señora: color, olor, sabor, textura y sonidos.

Alonso, que demostraba en su argumentación la experticia de muchos años, le contó al público cómo se clasificaban los alimentos según su vida útil, según su valor nutricional, además del manejo de las neveras y la higiene que se debe tener con la comida que hay en la casa. Si bien, muchas de las cosas que comentó eran demasiado técnicas, como el intercambio de humedad que hacen los alimentos con el medio ambiente y la referencia a algunos microorganismos, la gente se mostró genuinamente interesada.

Disculpe, yo le hago entonces una pregunta, ¿el marrano es bueno o no?interrogó una de las señoras que estaban al fondo del salón.

El marrano es distinto al cerdo, y ¿saben cuál es la diferencia? Que el cerdo es alimentado con concentrados y que…

¿Y el pollo?preguntó otra con afán.

Es que si nos ponemos a ver, el Pollo tiene unas propiedades fisicoquímicas que…

¿Pero entonces el marrano si será bueno? alcancé a escuchar que interrogaba la misma señora con una de sus vecinas.

La gente se entusiasmaba con preguntas que sentían a la mano, pues todos los días debían convivir con la cocina, ya fuera como cocineros o como comensales. Alonso intentaba dar respuesta a cada una de ellas, pero a veces cortaba para seguir su discurso.

Por ejemplo ustedes sabían que más del 90% de las personas que van al baño y que van a hacer…y después comen, hemos encontrado en su organismo restos de…

Guuuacalas, ¡huy no, qué asco! se escuchó al unísono con una carcajada generalizada.

Por eso señoras y señores, es que debemos mejorar nuestro higiene corporal. El pan, por ejemplo, ese pan tan bonito que se ve en la Panaderías al aire libre, está lleno de microorganismos porque no está protegido. Dice con aire de profesor de colegio.

Entonces cómo vamos a hacer para comer pan se le escuchó decir a la señora María Carvajal.

Sí ve ingeniero, ahora ya nadie va a querer seguir comiendo envueltos porque deben estar llenos de bichosremató doña Teresa Pérez.

Inquietudes como la presencia de animales domésticos cercanos a la comida y las posibles talanqueras que una rígida higiene podrían tener en la consolidación de mercados locales quedaron en el aire, pero, al final, se decidió reprogramar la charla para completarla y así darle respuesta a las 1.500 preguntas apresadas entre el público. Esto permitió agilizar y darle paso al siguiente punto del foro: la presentación de un documental.

¿Pero ingeniero, al fin el marrano hace daño o no? Volvió a preguntar la señora del fondo despreocupadamente.

El tema, por fin, se cerró con una risa extendida entre todo el público y con la promesa de Alonso de resolver y continuar con la exposición en la semanas próximas.

CUARTO MORDISCO AL “ENVUELTO”.
EL DOCUMENTAL Y LA REFLEXIÓN

Se apagan las luces. Empieza la proyección. Serán veinte minutos de historias sobre el movimiento Vía Campesina, organización mundial que lucha, entre otras cosas, por el acceso a la tierra, el cultivo de alimentos libres de transgénicos y por el comercio justo entre las naciones. Todas, cuestiones vitales para adentrarse en el mundo de la soberanía alimentaria.

“Este documental se presenta con el fin de darle un contexto político, económico y social a las luchas que se hacen a nivel mundial contra la masificación de los transgénicos, la manipulación sin consentir de las semillas nativas y, en fin, contra la mercantilización desmedida de la vida. Todo lo cual hace parte intrínseca de lo que significa la soberanía alimentaria”. Me habría de contar días antes Miguel Torres, miembro de Siglo XXI y uno de los organizadores del Festival del Maíz.

Se acaba la proyección. Se prenden las luces. Se escucha a la gente reacomodarse en sus sillas, luego me encargo de hacer algunas preguntas al aire sobre las impresiones que les deja el documental. Rápidamente Jackeline Rodríguez, quien siempre tuvo a la mano un cuaderno en el que tomaba apuntes, expresa:

Yo quería decir que este documental nos pone a pensar también sobre la seguridad alimentaria y sobre la situación en la que se encuentran nuestros campesinos. Como hemos visto, se han presentado marchas y protestas de campesinos para hacer respetar su trabajo luchando contra los monopolios que se imponen por multinacionales de las semillas y los transgénicos. Y hemos hablado en ocasiones anteriores que ahora los líderes quieren convertir nuestro territorio sólo en cemento, cuando lo que necesitamos es promover una agricultura sana y con acceso a más personas. Ahí está el ejemplo de la Agricultura Urbana.


Se reflexiona sobre Soberanía Alimentaria.

Y es importante darnos cuenta que en la comida radica mucho de nuestra pérdida de identidad, pues ya no tomamos chicha sino la Coca&Cola y otras comidas chatarra. Eso hace que las multinacionales crezcan sin importar si lo que producen es sano o no, pues su interés principal es acumular dinero. De ahí la importancia de revitalizar nuestros mercados locales, las tiendas de barrio donde se vende el líchigo y los mercados orgánicos, tomando experiencias para mejorar, claro está, como con el asunto de la higiene de la que nos hablaba Alonso. Completa Jorge Ramirez.

El Foro se va transformando en conversatorio a medida que otras personas toman la palabra. Alguien habla de que a los jóvenes ya no les interesa cocinar, otra persona se refiere a la Palma Africana y otra a la falta de estímulos para generar mercados locales. Los temas que se van tratando se enmarcan en el propósito del Foro: generar reflexiones sobre la Soberanía Alimentaria por medio de un Festival que honre al maíz.

Yo considero que la culpa la tenemos nosotrosinterviene doña María Renjifo. Si  nosotros acostumbráramos a nuestros hijos y nietos a comer desde pequeños comida de nuestro territorio no estaríamos viendo la situación que ustedes han comentado. Pero qué pasa, que uno le va a dar a un niño una habichuela o un envuelto y no, resulta que los niños sólo quieren “De toditos y Perros Calientes” y los responsables de eso somos nosotros. Si hablamos de Soberanía Alimentaria debemos empezar por nuestras casas. Somos nosotros los consumidores y los que preparamos las comidas los que tenemos el poder de decisión.

Eso que dice Doña María es muy cierto, pero es que nosotros, si queremos darle fuerza a eso que se llama “Soberanía Alimentaria”, tenemos que transmitir los conocimientos alrededor de la cocina y las preparaciones que, por ejemplo, sólo las abuelas conocen. Esos conocimientos que ustedes tienen deben convertirse en preparaciones y en recetarios. Es así que esos términos cobran fuerza y se concretan en al algo real. —Dice nuevamente Jackeline.


Ameros en la mesa

Sí señor, como este chocolate de Chucula dice Don Bolívar levantando un vaso de plástico, y recibiendo por ese gesto unas pequeñas risas de aprobación.

Con esa frase de Don Bolívar se puede resumir el poder que tienen los consumidores, cuando se organizan en el simple acto de compartir. Son esos envueltos y ese chocolate los que materializan un poder muchas veces irreconocible. Es finalmente el consumidor quien determina qué come y qué no.

Miren, yo recuerdo que con mi abuelita nos tocaba despertarnos muy temprano para hacer la molienda. Eso nos permitía compartir con los demás y saber de primera mano qué es lo que comíamos. Esa tradición implicaba mirar al otro, dialogar con él o simplemente entender sus silencios. Ahora sólo vamos al supermercado y tomamos un paquete y eso lo que hace es desconectarnos del otro y de la tierra que da los alimentos. Comenta Jorge mientras se dispone a tomar su chocolate de Chucula.

Por eso es que el maíz era el producto más importante, pues era el producto de nuestros antepasados. Lo que necesitamos es recobrar la tradición heredada de nuestros abuelos, y enseñarles a los niños a comer Habichuelas, lo que es la Zanahoria, la Chicha, los Envueltos.  —Puntualiza Doña María.

QUINTO MORDISCO AL “ENVUELTO”.
MANOS A LA OBRA

Luego de hacer once Festivales del Maíz y de crecer cada año, el próximo paso es trascender el escenario local. Pero para llegar a espacios de alcance distrital o nacional se necesitan mayores conocimientos. Pienso que este tipo de foros –el segundo hasta ahora- son perfectos, pues dotan de reflexividad y rigurosidad a un evento que cobra fuerza cada año. Para proyectarse a otros escenarios, y con eso parecen estar de acuerdo los organizadores, es preciso desprenderse de viejas costumbres arraigadas en el trabajo comunal: la indisciplina, la impuntualidad, el regocijo con cierto asistencialismo y las demagogias a pequeña escala.  En palabras de Jorge Ramirez: fortalecer la organización y las organizaciones bajo los criterios de autonomía y solidaridad. Sólo así se podrá dar un salto cualitativo que trascienda el ámbito local sin perder la esencia del territorio de donde salen estos proyectos y sueños.

En particular, el Festival del Maíz genera comportamientos solidarios, la comunicación entre vecinos y facilita una actitud de confianza. La elaboración de productos a base de maíz recupera el calor humano que se da en la charla y en el encuentro de distintas comunidades dispuestas a arremangarse para preparar los alimentos. El Festival permite invitar a la gente no sólo como comensales sino como poseedores de saberes ancestrales; saberes que quizá no han sido descubiertos.

Bazar Cultural. XI Festival del Maíz.

¿Cómo lograr que esta sabiduría sea, digamos, despierta? Esa parece ser la pregunta que anima a los asistentes del foro. Aquí es donde entra a jugar un rol determinante: la memoria. Sabemos que la historia del maíz se remonta a las culturas precolombinas: Aztecas, Mayas, Chibchas, Incas, todos, hijos de este grano milenario. Y es en esa medida que se busca rescatar la memoria no como un simple hecho anecdótico sino como un acto que dé vitalidad en el presente.

Por ejemplo, debemos seguir haciendo los recetarios. –Comenta Doris Avellaneda cuando se sueltan estas ideas en el salón. 

Los recetarios son cuadernillos que el Festival del Maíz se ha encargado de gestionar cada año. En dicho cuadernillo, a aparte de las recetas, se incluyen coplas y mitologías alrededor de las múltiples comidas que se pueden hacer con el maíz. La idea es que el recetario se siga imprimiendo y se constituya en material de referencia para todos aquellos que quieren cocinar. Esto es muy importante, pues en ese cuadernillo se consigna toda la sabiduría de las abuelas y abuelos de la localidad. Es con productos como el recetario que el eslabón entre los ancestros y las generaciones actuales cobran fuerza. Es a través de las recetas que probamos lo que nuestros abuelos probaron, es la forma en que logramos tender la mano con nuestro pasado y damos forma a eso que llamamos memoria.

El recetario, el Bazar Cultural, el Foro de Soberanía Alimentaria y los espacios de encuentro para reflexionar alrededor de la comida deben crecer sin perder su esencia. Y así parecen entenderlo quienes asistieron al Foro, pues luego de conversar y de tomar chocolate de Chucula se organizan para preparar la novena de la semana próxima —donde, por supuesto, se elaborarán productos de maíz— y se delegan tareas para comunicar y transcribir las recetas de cada familia.

Al tiempo que la gente se va despidiendo con los familiares “hasta luego mijo”, “que esté bien vecina”, “nos vemos en la tienda de Don Rogelio más tardecito”, noto que el foro terminó, como cuando se termina el envuelto en poco más de seis mordiscos. Mordiscos suficientes para irse con la barriga llena, el corazón contento y la cabeza llena de muchísimas dudas e ideas para levar a cabo.  


Texto y fotografías por: Fabio Ramirez

04 diciembre 2014

Ciudad Mural en México.

Ciudad Mural es un  proyecto del Colectivo Tomate que nació en México y que busca integrar el arte con el trabajo en comunidad. Y habría agregar que no sólo en sino con la comunidad. Esa es quizá la mayor virtud de este proyecto que guarda tantas semejanzas con las actividades y proyectos de ArtoArte. Tomamos sus palabras, pues ellas resumen mejor que nadie lo que han hecho, y de nada sirve (sólo por el momento) volver a decir lo que ya está escrito. Sólo resta invitarlos a conocer este proyecto tan bonito y a que estén atentos al trabajo conjunto que más pronto que tarde adelantarán el Colectivo Tomate y ArtoArte en algún lugar del mundo. 



La comunidad participa en la intervención de murales.

Ciudad Mural es un proyecto social-artístico comunitario que busca la dignificación y el rescate de espacios urbanos, al mismo tiempo que se regeneran comunidades a través de procesos sociales que tienen como resultado la elabopración de murales colectivos que den a conocer la identidad de quienes se involucran. Los murales se realizan en colaboración con artistas que desean engrandecer a la comunidad y que están dispuestos a trabajar en conjunto y con el corazón. De manera paralela a la creación de los murales se organizan actividades y talleres que pretenden la sensibilización, unidad, respeto y la participación de todos los que conforman la comunidad. México es un país con mucha riqueza...

Si quieres saber más de este y otros proyectos del Colectivo Tomate, conócelos de primera mano en:  
http://www.colectivotomate.com/

Página en facebook: https://www.facebook.com/pueblamuralpuebla/timeline

contacto@colectivotomate.com

03 diciembre 2014

Pachakuti. Una apuesta por la identidad.

Pachakuti más que un colectivo es un movimiento. En él convergen inquietudes y sueños de diferentes personas de Latinoamérica. Y es la identidad latinoamericana la que los impulsa a agruparse alrededor del arte y sus diferentes manifestaciones: ilustración, muralismo, graffiti y la fotografía. Por eso sus intervenciones siempre están cargadas de colores, pues en cada momento sienten el deber de hacer alusión a la tierra que va desde Tierra de Fuego hasta la frontera del Río Bravo en Norteamérica. Pachakuti, más que un colectivo es un movimiento que se "identifica en la imagen y en el trabajo comunitario mediante el arte como encuentro y comunicación". 

"...sienten el deber de hacer alusión a la tierra que va desde Tierra de Fuego hasta la frontera del Río Bravo en Norteamérica...".

Su página en Facebook: https://www.facebook.com/PckLatinoamerica/info?tab=page_info
Su cuenta en Flickr: https://www.flickr.com/photos/97446734@N03/


Imágenes y Relatos de Ciudad

El Copetón y el Diente de León En el año 2017, el colectivo Arto Arte recibió la invitación por parte de profesor y artista Oscar Moreno...