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18 agosto 2015

Cielo Roto. Historia del barrio La Belleza

Historia del barrio La Belleza. 


Corría el 23 de febrero de 2015. Me encontraba en la búsqueda de un relato que contar. Ya hacía algunos días había hecho un recorrido desde el vetusto Instituto Para Niños Ciegos, hasta la fantasmagórica casa ubicada en la calle 11 Sur con carrera Séptima, hecha de ladrillos, piedras y leones tallados en su fachada. En esos días, había llegado a golpear más de una puerta en busca de alguien que pudiera brindarme información histórica de aquellos sitios. Golpeé en el Instituto Para Niños Ciegos; recuerdo que me recibieron de buena manera aunque sin pasar de la puerta. Sólo recibí un correo en una hoja de papel, para pedir mi solicitud. Llegué a la imprenta de Bogotá pero no obtuve más respuesta que: “busque por internet”. También arribé al histórico barrio Villa Javier en donde la Casa Campesina me atrapó al primer momento, pero tampoco tuve una respuesta positiva, y fue así como terminé en la casa de la 11 Sur, donde me dijeron: “Vuelva luego”. Recuerdo haber acudido a la Alcaldía Local en búsqueda de información que pudiera servir de base para mi relato, pero no fue suficiente, ya que sólo me dieron datos de un diagnóstico local, con cifras. Sin embargo yo buscaba algo más, una historia, detalles de un tiempo pasado, de algún espacio o sitio perteneciente a San Cristóbal. Así que ese 23 de Febrero, abrí mis ojos, observé el cielo azulado, el sol que resaltaba el verde de las montañas, escuché el Río Fucha y decidido fui en busca de mi historia.

Mi búsqueda me llevó al Archivo de Bogotá con la esperanza de que allí si pudieron encontrar detalles más concretos de San Cristobal, quería saber de la evolución que hemos tenido, de cómo era todo antes, es decir, de cómo se vivía hace mucho tiempo, cómo eran las personas que forjaron la historia de este territorio que tiene más de 1.000 años. Solicité varios libros que contaban sucesos que no se me había ocurrido preguntarme antes, muchas historias. Está, por ejemplo, la del “Cielo Roto” o de la Belleza, historia de un barrio que no conocí, o bueno, que no conozco profundamente, pero que sí he escuchado nombrar y he visto de una manera superficial. No he ido aún a ver cómo es hoy en día, pero conocí su pasado y me pareció una historia llena de superación, de compromiso, de entrega y lastimosamente de desapropiación, pero es mi percepción personal. Ahora, quiero compartirla en estos momentos para que cada uno tenga su propia opinión.

Antes de relatar la historia del barrio la Belleza, quiero hacer memoria de la Localidad en general, ya que encontré otros datos que pueden ayudarnos a contextualizarnos. San Cristóbal es un territorio ubicado en la cordillera de los Andes colombianos, circundando las montañas, donde algunas superan los 3.500 metros sobre el nivel del mar. La localidad cuenta con tres sectores o partes: la parta baja, donde resido yo, y se encuentran las construcciones mas antiguas de la localidad, donde realicé mi recorrido primeramente; la parte media, que es donde habita gran parte de la población; y por ultimo, que es nuestro territorio clave, donde ubicamos a La Belleza, que es la parte alta, alrededor de los 3.000 metros sobre el nivel del mar, con una temperatura promedio de 12 grados centígrados y un clima de páramo.

Entre 1890 y 1905 empezó esta historia. El suroriente de Bogotá era una zona rural, donde existían haciendas como: La Milagrosa, Las Marías, La Fiscalía. Hacia esa época se creó el primer asentamiento residencial llamado San Cristóbal. Posteriormente, en 1915, surgió el barrio San Francisco Javier (Villa Javier), más adelante en 1920 surge el 20 de Julio, y ya para la década de los cuarenta surgen otros barrios como Vitelema, Santa Ana, Santa Inés o Suramérica; así fueron pasando los años hasta que en la década de los sesenta nace en la zona alta rural, la Belleza.

En 1963 Don Pedro Palacios, un pensionando de la Secretaria de Obras Públicas, nacido en Facatativá (Cundinamarca), llega a este territorio. Su testimonio, con la de varias familias fundadoras del barrio, son las que sirvieron para la reconstrucción más cercana de la Belleza en ese año, existían unas fincas llamadas Valparaíso, Los Pinos y La Belleza. El señor Álvaro Abondano fue contratado por los dueños de las fincas para parcelar y vender. Cada lote tenía un tamaño de 676 metros cuadrados, con un valor que oscilaba entre los 8.000 a 10.000 pesos. Los interesados debían pagar una cuota inicial y el resto a plazos, una vez que las personas habían cancelado la primera cuota le daban autorización para habitar el predio.

Pedro Pablo recuerda que el día que llegó, casi no lo deja entrar el señor Pacho Bolívar, quien era el administrador de la finca, pero una vez adentro en el predio, el mismo día tuvo que levantar paredes y techo con palos, cabuya, cartón  y latas. Las personas tenían que permanecer seis meses en el predio para que diera posesión, y si alguna persona debía dinero, se hipotecaba el predio y se acordaban las cuotas de pago.


"Cielo Roto". Por Kevins Castillo.
En ese entonces las condiciones eran muy difíciles, la altitud que llegaba a los 3.000 metros sobre el nivel del mar generaba temperaturas entre 9 y 12 grados centígrados, también la mayor parte de los días permanecía lloviendo,  hacía mucho frío, por lo cual sus habitantes decidieron llamar cariñosamente al barrio “CIELO ROTO”, según las versiones de Don Efraín, quien también pertenece a las veinticinco familias fundadoras.

La lluvia constante, los fuertes vientos, el frío, la inclinación del terreno, hicieron que las casas fueran improvisadas con cabuya, tela asfáltica, latas con palos y tejas que se caían; por lo que según nos cuenta Don Efraín, muy pocas familias se “amañaban”, incluso, algunos niños murieron de frío. Muchas familias, después de permanecer durante días y meses, decidían vender y se iban, y los pocos que quedaron se vieron obligados a reconstruir sus hogares con ladrillos o bloques. Algunos, además, pagaron misas en Juan Rey, el 20 de Julio y en el Voto Nacional para que el clima mejorara. En ese entonces las misa eran celebradas con procesiones, pólvora y voladores, claro que dependía del dinero que se hubiera podido reunir. Don Pedro y Don Efrain recuerdan que existían muy pocos casas, el resto eran cultivos de arveja y papa, o terrenos de pastoreo de chivos y vacas.

El traslado de sus hogares a sus trabajos o a otros sitios de la ciudad era muy tedioso, ya que tenían que caminar hasta el 20 de Julio para coger transporte; si el paso era constante y bueno, se gastaban unos 40 minuto de ida bajando, y una hora y media de regreso. En esos días, el barrio no contaba con servicios públicos, el agua era obtenida de una quebrada llamada Verejones (más conocida como El Zancudo) o de algunos nacimientos naturales. Para esa época el agua era limpia y cristalina; también se construían pozos sépticos en los predios, y el agua residual era botada en el mismo lote.

Hacia 1970, la energía era transportada de un alambre sujetado a los árboles, desde el barrio Quindío, que era otro barrio en formación. Esta energía era de contrabando, por lo que cada familia debía hacer su propia conexión El neutro era una varilla clavada al suelo, por supuesto, la luz era muy bajita. ¡Al bombillo se le tenía que ayudar con una vela! Exclamó Don Efrain. Dentro de toda las necesidades primordiales de estas familias, una de las más importantes era el estudio de sus hijos, por lo que los esfuerzos se concentraron en la construcción de una escuela.

Los hijos de los primeros habitantes, iban estudiar a la escuela veredal de Juan Rey, que ya estaba a punto de caerse. El largo trayecto de la casa a la escuela y la mala estructura, llevó a los habitantes a pensar en construir una escuela en su sector. Don Pedro Pablo, Efraín Forero y Paulino Urquijo, llamaron a Álvaro Abonando, el intermediario que vendió los lotes, para que les diera las escrituras y los planos, para establecer el sitio donde se construirá la escuela. Observando los planos, se dieron cuenta que contaban una zona verde de 1.014 metros cuadrados, ¡Este es el sitio para construir! Exclamo Don Pedro Pablo a sus vecinos. El gran inconveniente era lo inclinado del terreno, aunque la parte alta del sitio era plana y allí se decidió construir la primeras aulas.

La jornada escolar inicio el 18 de septiembre de 1968 en la casa del señor Juan Vallejo, en el salón se encontraban 15 estudiantes de primaria con una maestra identificada como la señora “Matilde". La ANAPO (Alianza Nacional Popular), les regaló cuatro pupitres con butacas y sillas en las que de milagro lograban sentar a los estudiantes, mientras a partir de brigadas de trabajo integradas para la comunidad, se construía la escuela.

Para obtener dinero y materiales de construcción, se realizaron dos corridas de toros. La primera fue un éxito total, pero la segunda dio pérdidas. Tan solo hasta 1.971, la escuela empieza clases en su propia sede, en la calle 64 sur No. 10-39 este, donde aún continúa funcionando. Se inició con una planta física de bloques, encerrados con alambres de púa y cinco aulas prefabricadas. Entre 1.984 y 1.985 se crea el encerramiento en ladrillo de la escuela, a causa de la inseguridad y la incomodidad del ingreso de vacas, un segundo piso y en octubre de 1.998 se terminó de construir la escuela.

El cuerpo docente y el director Guillermo Montenegro vieron la necesidad de crear una jornada secundaria, pues se dieron cuenta que un 80 por ciento de los estudiantes que terminaban primaria deambulaban por las calles. Es así como en 1.996 se inicia la secundaria, con un total de 150 estudiantes matriculados, que debieron asistir a la sede de la Junta de Acción Comunal, que quedaba pegada a la institución educativa, como aula escolar durante un tiempo. De eta forma la escuela de transformó en el Centro Distrital La Belleza.


Institución Educativa de la Belleza. Google Earth.
El tiempo iba pasando y por el mismo proceso de poblamiento del sector, aumentaron las necesidades de servicio públicos; recordemos que el aumento de habitantes no solo fue en la Belleza, sino en todo el suroriente. En la época de los sesenta surgieron sectores deprimidos que no poseían servicios públicos, y los pocos barrios que tenían servicios, eran de mala calidad.

Esto generó protestas sociales. Don Antore Galicia, del barrio, nos cuenta que en 1.973 los habitantes de Juan Rey organizaron un paro cívico, donde durante varios días impidieron la entrada y salida de vehículos por la vía que comunicaba a Bogotá con el Llano. La petición apuntaba a una mayor inversión destinada a satisfacer las necesidades de agua,  alcantarillado, energía eléctrica y rutas para los diferentes barrios.

Según Don Antonio, fue tan “Duro el paro” que hubo muertos y encarcelaron a más de uno por enfrentamientos con la fuerza publica, o incluso a algunos que no tenían nada que ver con la protesta. Don Antonio fue uno de ellos y recuerda: “Venia de trabajar de Siemens, cuando en la Victoria nos echaron a 140 en un camión, éramos hombres, niños, mujeres, ancianos, cuantos pudieran coger".

"Llegamos a la estación de Policía de San Cristóbal y nos recibieron a atadas y bolillo, con lo que pudieran golpearnos; en eso cayeron niños y ancianos que no se podían levantar de la golpiza”. Sin embargo, Don Antony, el Alcalde y las administraciones de Distrito tenían miedo a otro paro, así fue como llegaron los servicios públicos y mejoraron su calidad de vida.

Casi el 90 por ciento de las personas fundadoras el barrio tienen ascendencia de origen campesino y se refleja en sus hogares y estilo de visa, acostumbrados al duro trajín del campo. Según ellos, el trabajo es la forma de mejorar el nivel de vida de sus familias y superar las adversidades de la naturaleza. La gran extensión de los lotes, les permite disponer de una pequeña área residencial y una gran extensión para cultivo, muy típico del campesino boyacense. Ana Lucía Amortegui, docente del C.E.D.  La Belleza, recuerda que en 1980, habían estudiantes con vestimenta campesina: ruana, sombrero y botas de caucho, almorzaban con grandes porciones de yuca, papa, arroz y de bebida guarapo o chicha.

Debido a su visión sobre la necesidad del trabajo arduo, se apersonaran de la construcción de su barrio, como la escuela, las casas, las vías, las redes de agua, alcantarillado y energía. Las vías se gestionaron a través de brigadas de trabajo integrados por sus habitantes para brindar mano de obra y obtener recursos económicos, organizando así fiestas, bazares y juegos de tejo, como ya principales compradores, ya que era difícil, pues como lo recuerda Don Efrain: “¡Ganábamos poco, pero gozábamos mucho!”

La politiquería, es decir, recurrir al político para obtener beneficios a favor de la comunidad, no fue ajena para construir el barrio. Se logró el encerramiento de la escuela y una que otra calle pavimentada, aunque las desilusiones fueron más, cuando se daban cuenta que los utilizaban. Don Pedro nos comenta con enfado: “Uno de los políticos en su visita por el barrio preguntó que qué necesitábamos.Yo le contesté: ¿no ve? No hay vías, no hay acueducto, casi medio construido todo y todavía pregunta ¿Qué necesitamos? claro, prometen tanto que no tienen ni siquiera para “mantenerse ustedes”. 

Mientras que los primeros habitantes del barrio, los de los sesentas y setentas, eran oriundos de Boyacá y Cundinamarca, en las ultimas décadas las personas que han llegado proceden de todas partes del país. Esto generó un cambio de comportamiento, pues pasó de un lazo de solidaridad  de trabajo para mejorar las condiciones de vida, a la indiferencia de sus nuevos habitantes.

Según don Antonio, se debe a que casi ya todo está construido que ya no hace tanto frío. Cambio tanto la vida en el barrio, que entre 1.986 y 1.993 hubo una época de violencia, llamada “Época de los pájaros”. Originada por una invasión, bautizada paradójicamente por sus habitantes como Villa la Paz, ubicada al norte de La Belleza. Don Antonio afirma que uno que otro habitante de la invasión era bueno, el resto eran ladrones, lo que originó una ola de inseguridad reflejada en robos a la gente del mismo barrio, incluso organizaron grupos de atracos en plena luz del día. Por eso lo habitantes decidieron hacer grupo de limpieza, entre tres o cuatro personas morían semanalmente, ante las autoridades, imperaba la Ley del Silencio. Don Antonio nos cuenta que todos merecían morir por mala gente. Todo iba bien hasta cuando mataron a “ El Paisa”, un comerciante al que todos querían  y respetaban por sus solidaridad con los demás, también mataron a un muchacho trabajador, por lo que cuando esto sucedió, la comunidad que apoyaba la limpieza empezó a condenarlas, porque se habían sobrepasado los parámetros establecidos sobre la eliminación de los atracadores. Este duro golpe aumentó la desconfianza y, más, la indiferencia y la falta de identificación con el barrio, por parte de los habitantes de La Belleza.

Don Antonio, Don Efraín y Don Pedro Pablo, coinciden en que los viejos ya hicieron lo suyo, ahora les toca a los jóvenes, los nuevos habitantes, proseguir esa labor. En su momento colocaron sus corazones, sus sentimientos para ver el barrio crecer, pero hoy les queda muy pocas fuerzas y algunos enemigos por querer hacer una buena labor.


Puente de la Belleza. Curva tradicional del barrio en la
actualidad. Año 2015.
Es aquí donde concluye la historia contada por sus propios personajes, donde se observa el progreso al que se puede llegar con la unión y el trabajo. Desde mi punto de vista un ejemplo a seguir en una sociedad tan individualista, como la de hoy en día. Es una contrariedad pensar en que entre más somos, menos unidos estamos; parece como si no tuviéramos memoria en cuanto al legado de nuestros antecesores.

Cómo es posible que este territorio lleno de un legado de supervivencia a las adversidades naturales, climáticas, a las dificultades de gobernación y hasta a las dificultades de delincuencia común no reconozca su historia y pueda generar un cambio de actitud. Tal vez es eso, el conocimiento, la ignorancia a la que estamos sujetos y a veces que ni siquiera tenemos acceso por nuestra falta de canales de información, o tal vez….¡En fin! Terminé con más dudas que respuestas con base en lo que hoy podemos observar en nuestra localidad. Así, termino mi día, ese 23 de febrero, con un poco más de conocimiento histórico del territorio que habito  y con un mayor crecimiento personal.

Historia escrita por: Kevins Castillo Tenorio.

2 comentarios:

  1. Gracias por este relato llevo sólo 10 años en este sector y no conocía su historia es por ello que en esta cuarentena por corobavirus en el 2020 quiero conocer más de mi localidad.

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